Miguel Villalba Sánchez
Miguel Villalba Sánchez
José Luis Zaragoza, la poesía gráfica


Ha tomado en préstamo un día de Navidad para viajar a ese lugar anhelado.
José Luis Zaragoza es uno de mis poetas favoritos, y me alegro mucho de que eligiera el formato del cómic para narrar con tal devastadora sensibilidad su poesía.
Que además un buen día, en nuestros inicios, decidiera creer en la aventura que estábamos a punto de comenzar, la que luego desembocó en delirópolis y la semana del cómic, ya es un honor y un privilegio.

He conocido a pocas personas como Zaragoza, personas que emanan una luz pálida, difuminada, como figuras pintadas a la acuarela tenue, semi-transparente. Personas que perciben el mundo con una nitidez tan afinada que cualquier estímulo existencial, imperceptible para la gran mayoría, se convierte para ellas en un dolor agudo, intenso.

Que vagan por el pasillo de sombras sordas, mudas y ciegas de este mundo, con la clara conciencia de que no están en el lugar que les corresponde. Curiosamente, todas las personas que yo he conocido, irradiando esa tímida luz blanca, a través de su presencia, y del eco de sus notas, han desaparecido prematuramente… como si este mediocre hervidero de guerras, de crisis bancarias, de mentirosos e impíos charlatanes no hubiera sido para ellas más que una breve antesala del hermoso valle al que pertenece toda su poesía, y que tienen prisa por alcanzar.

Demasiada poesía para caber en un mundo decorado de prosaísmo por obra y gracia de nuestra mediocridad.

Zaragoza era de los que creía que el ser humano debería decorar el mundo con lo que tiene de divino, no de mezquino. Quizás por eso nunca estaba a gusto allá donde estuviera, y guardaba silencio.

No así el suave trazo de su pincel, que tampoco hablaba a menudo, pero que cuando lo hacía silenciaba el ruido mental de sus lectores, y humedecía sus ojos, evocando tormentas y amaneceres con el minimalismo al que sólo los maestros llegan. Sintetizando sueños de tinta al límite y consiguiendo con esas formas, a penas elegantemente sugeridas, una dulzura y expresividad sin par. Acariciando la imaginación y el alma de quienes leían sus historias como acariciaba él el papel cuando dibujaba, después de meditar bien cada rincón de los mundos que creaba en sus viñetas.

Su enfermedad era esta vida, que se le quedaba pequeña y le oprimía el corazón, y ahora ya ha sanado.

Quedamos cojos aquí abajo, sus seres queridos y compañeros del colectivo delirópolis, que seguimos repitiendo curso, a la espera de la graduación que nos permita volver a compartir páginas con uno de los más grandes, silenciosos y desapercibidos poetas que haya conocido o ignorado esta ciudad.
Documentació addicional
Miguel Villalba Sánchez - 26/12/2011 - 09:58h
miguel villalba
28/12/2011
15:24
moltes gràcies Jep.
Jep
28/12/2011
08:45
Una pena, una gran perdua. Era molt jove. Ho sento i el meu condol a la familia i amics. El mon del art i la poesia es avui una mica mes gris.
miguel villalba
27/12/2011
15:00
Seguro Faro.
Un abrazo saeta.
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