Oigo hablar de crisis, y sin duda un escalofrío me recorre. Mi marido lleva casi un año y medio en un expediente de regulación de empleo suspensivo, y ahora inminentemente se convierte en extintivo. Extintivo i fulminante, sin derecho a NADA, sin haber cobrado la paga extra de Navidad, sin derecho a indemnización por despido. Y digo esto último, con total recriminación hacia sus jefes, ya que mientras conducen sus coches de alta gama o cuidan sus viñedos, envían a las reuniones a títeres a los cuales les han prometido la panacea a cambio de aguantar los nervios de unos trabajadores que se ven en la encrucijada. ¿Dónde están los derechos de estos trabajadores? ¿Dónde está el prestigio del GRUPO VICSAN dedicado a la obra pública y al mantenimiento de autopistas, consolidado en el sector de la construcción y con un gran nombre a sus espaldas? El prestigio se quedó en el despilfarro, pero no en la voluntad de hacer las cosas bien hechas.
Por eso nos sentimos como auténticos mendigos de algo que nos pertenece por ley, nuestra compensación por el trabajo realizado, por el tiempo dedicado a la empresa. Debemos ser realistas y pensar que dentro de poco más trabajadores entrarán a formar parte de las listas del paro, habrá que pagarles prestación por desempleo e indemnizaciones con dinero público a través del FOGASA, y mientras todo esto ocurre, los grandes “jefes” de VICSAN seguirán conduciendo sus coches, asistiendo al futbol y cultivando sus viñedos; y los pobres títeres que un día despidieron a sus compañeros con una mano atrás y una delante, volverán a estar sentados en una mesa tras la máscara de una nueva empresa. Triste pero cierto.
Celia Maria Villa
Cartes al director - 10/02/2012 - 10:09h
T.F.
11/02/2012
19:35
Dinero para los coches caros siempre hay pero para hacer las cosas bien en la empresa no.